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The War On Drugs - Wagonwheel Blues

Este disco apareció aproximadamente en Junio de 2008 bajo el siempre asertivo sello Secretly Canadian. The War On Drugs no es la campaña impulsada por Nixon contra las drogas en 1971, sino que es el quinteto de Filadelfia liderado por Adam Granduciel en voz y guitarra. El resto del grupo lo componen Kurt Vile, Dave Hartley, Kyle Lloyd y Charlie Hall. "Wagonwhell Blues" es el primer disco de la banda, antes habían editado un EP llamado "Barrel of Batteries" (Secretly Canadian, 2008), del cual muchas canciones están presentes en Wagonwhell Blues.

¿Qué encontramos aquí? En algunas partes se lee que Wagonwhell Blues es "un debut que mete en la boca de The Jesus and Mary Chain las anfetaminas que Bob Dylan se tomaba en 1966", además de algunas comparaciones con Sonic Youth o Neil Young, entre otros. Y en realidad todo cabe en este disco, desde el inicio con la genial "Arms like boulders", la música de The War On Drugs atrapa inmediatamente. La influencia de Dylan en la voz de Granduciel es evidente (Show me the coast), aunque también está el peso de The Velvet Underground y todo el rollo psicodélico de bandas como The Fugs o 13th Floor Elevator, por nombrar algunos. Pero, además de Dylan, la voz de Granduciel parece beber de un símil más contemporáneo como lo es de Animal Collective, escuchando "Taking the farm", "Needle in your eye" o "There is no urgency", se percibe constantemente el fantasma del cuarteto de Baltimore.

Sin embargo, y aquí está la gracia de The War On Drugs, las canciones tienen un sello propio. Los sonidos no apuntan a crear esos viajes largos e indómitos de Animal Collective, tampoco recrear con nostalgia un pasado anfetamínico o dylanesco, sino que, en base estas influencias, generar canciones con buenas melodías, espaciales y directas. La complejidad y la búsqueda por sonar únicos parece no ser el norte del quinteto de Filadelfia, mientras que la honestidad y unas buenas canciones sí parece serlo. Y también uno de los mejores discos del año. --Un Color

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The War On Drugs - Slave Ambient


Cuanto más profundo te adentras en la música moderna, menos sentido toman nuestros gustos. Durante años, hemos encontrado que es curioso, esta devoción por igual a Tom Petty y Spacemen 3, artistas que hicieron algunos de sus discos fundamentales al mismo tiempo pero con enfoques antagónicos. ¿O qué tal la admiración a Neu! 75 y Blood on The Tracks, dos álbumes muy diferentes de dos continentes diferentes que comparten un año de lanzamiento y un lugar importante en nuestros corazones? Flying Saucer Attack y Springsteen? New Order y la No Wave. The Byrds y Bread, con Burt Bacharach?
¿Cómo se supone que un fanático de la música concilie con todo esto?


El vehículo de Adán Granduciel - frontman, rambler, chamán, Hamelin-guitarist, y aparentemente extraordinario arreglista - The War On Drugs parecía similarmente obsesionado con ideas dispares, sin compromisos en la construcción de monumentos de rock a partir de piezas que podrían ser raras parejas. En su disco debut, Wagonwheel blues, maratones de folk-rock son "dañadas" por máquinas de beats. Repetitivas piezas electrónicas e instrumentales preceden a las canciones, y el Dr. Seuss deviene en motivación lírica para una atrevida visión futurista.

Granduciel lo ha hecho de nuevo, mejor que antes: Slave Ambient, su segundo álbum propio, es una brillante extensión de 47 minutos de rock and roll, concebido con un sentido de aventura y capturado con temporadas de bravatas. Slave Ambient cuenta con un selecto grupo de músicos de Filadelfia, incluyendo a los multi-instrumentistas Dave Hartley y Bennett Robbie, y el baterista Mike Zanghi. Grabado a lo largo de los últimos cuatro años en el estudio casero de Granduciel en Philly, y los estudios Echo Mountain de Jeff Ziegler (de Uniform Recording) en Asheville, el álbum pone sus más extrañas influencias en los lugares adecuados.

Synths caen donde podrías esperar más guitarras eléctricas (y viceversa); country-rock furtivo y extravagancia pop ochentosa distorsionada. El clásico instantáneo "Baby Missiles" es parte sueño febril de Springsteen, parte himno motorik. "Original Slave" puede sonar como hillbilly-power-drone, pero "City Reprise #12" sugiere un no retiro de Phil Collins. Mientras que el revoltoso sleepy opener "Best Night" ofrece una banda con demasiadas ideas para tomar a la ligera. A la mitad del álbum "Come to the City," Granduciel dice entre aullidos y gemidos,
"Todos los caminos llevan a mí / me he estado moviendo / he estado a la deriva".
Sin embargo al contrario de lo que pueda parecer, todos los sonidos arrivan coherentemente en un lugar inconfundible.

The War on Drugs son una de las bandas jóvenes más excitantes de rock 'n' roll en el mundo. La gente se pregunta que convicción, convencidos de que un acto tan nuevo o con antepasados ​​históricos tan claros podrías llamarla una tús favoritas. Por supuesto, la música de The War on Drugs desborda con los ecos y tensiones de las canciones que todos hemos querido, sin embargo, siempre lo sentirás único y sin fisuras, una síntesis perfecta y pura de influencias en algo que suena como ninguna otra cosa. Todas las canciones de Slave Ambient son identificables al instante y complejas hasta el infinito, un entramado de ideas y energías en la construcción de elevados himnos de rock. Son canciones de futuros conversos, signos de bienvenida para gente que deberá muy pronto llamar a The War on Drugs, su banda jóven favorita en el planeta.
Read the Original Here
The deeper we dig into modern music, the less our tastes make any real sense. For years, we found it curious, this equal devotion to Tom Petty and Spacemen 3, artists who made some of their most pivotal records at nearly the same time but with polar approaches. Or how about our mirrored admiration of Neu! '75 and Blood on the Tracks, two very different albums from two different continents that happen to share a release year and a major place in our hearts? Flying Saucer Attack and Springsteen? New Order and No Wave? The Byrds and Bread and Burt Bacharach? How is a music fan supposed to reconcile all of this?

Fall in love with Philadelphia's The War on Drugs. The vehicle of Adam Granduciel -- frontman, rambler, shaman, pied piper guitarist and apparent arranger-extraordinaire -- The War on Drugs seemed similarly obsessed with disparate ideas, with building uncompromised rock monuments from pieces that might have seemed odd pairs. On their debut, the life-affirming Wagonwheel Blues, folk-rock marathons come damaged by drum machines. Electronic and instrumental reprises precede songs they've yet to play, and Dr. Seuss becomes lyrical motivation for bold futuristic visions.

Now, Granduciel has done it again, better than before: Slave Ambient, their proper second album, is a brilliant 47-minute sprawl of rock 'n' roll, conceptualized with a sense of adventure and captured with seasons of bravado. Slave Ambient features a team of Philadelphia's finest musicians, including multi-instrumentalists Dave Hartley and Robbie Bennett, and drummer Mike Zanghi. Recorded throughout the last four years at Granduciel's home studio in Philly, Jeff Ziegler's Uniform Recording and Echo Mountain in Asheville, NC, the album puts the weirdest influences in just the right places. Synthesizers fall where you might expect more electric guitars (and vice versa); country-rock sidles up to the warped extravagance of '80s pop. Instant classic "Baby Missiles" is part Springsteen fever dream, part motorik anthem. "Original Slave" might sound like a hillbilly power drone, but "City Reprise #12" suggests Phil Collins un-retiring to back Harmonia. "I Was There" is Harvest rebuilt by some selection of psychedelic all-stars, while the shuffling, sleepy opener "Best Night" offers a band with too many ideas to be in a hurry. During the mid-album centerpiece "Come to the City," Granduciel howls and moans, "All roads lead to me/ I've been moving/ I've been drifting." Indeed, however unlikely that might seem, all these sounds arrive cohesively in one unmistakable place.

The War on Drugs are one of the most exciting young rock 'n' roll bands in the world. People question that conviction, unconvinced that an act so new or with such clear historical forebears could absolutely be called a favorite. Sure, The War on Drugs' music overflows with echoes and strains of the songs and sounds we've all loved, yet it always feels singular and seamless, a perfect and pure distillation of influences into something that sounds like nothing else. Every song on Slave Ambient is instantly identifiable and infinitely intricate, a latticework of ideas and energies building into mile-high rock anthems. They are songs for future converts, welcome signs for folks who should, soon enough, also call The War on Drugs their favorite young rock 'n' roll band on the planet.

o en Secretly Canadian
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The War On Drugs - Future Weather


The War On Drugs se encuentra una vez más en los borrosos bordes de la música americana: sobreexposición de limitaciones de estudio, acumulación de tapes & tapes a la máxima densidad, y luego - con cada canción - quitar los andamios para revelar como se adhirió, dejando sólo lo que es absolutamente necesario y profundizar en lo que suena como la mejor clase de mierda. Como en su debut, Wagonwheel Blues, toman pequeños momentos que ocurren sobre multiples cintas y multiples versiones de canciones, y ponen hasta la última gota de confianza en su propio instinto del momento.

Future Weather es un provocativo - a veces juguetón, a veces de peso - vistazo al proceso de esculpir canciones de War On Drugs, un proceso que sigue siendo un gran misterio incluso para aquellos que están en él. Si bién algunas bandas se contentan meramente con estar de paso a la sima , The War On Drugs pasa a través de ella. Y en el camino, el futuro del tiempo deja de lado toda connotación asociada con el formato de EP. Hay una unión verdadera y simetría aquí, una de wash & drone, de tono & momentum, pero también de tema. Amistad, lealtad y mantener unida la hermandad espiritual son los temas sobre los que pone el foco el compositor Adam Granduciel para Future Weather. "Se pregunta dónde van mis amigos / ¿Se pregunta por qué no me llevan / Mirando por la ventana de mi habitación / mirando por donde algo una vez corrimos salvajes", canta en "Brothers" con un sentido de agria paz, dejando de lado todas las cosas correctas, dejando allí las experiencias compartidas de sus propios amigos. Hay señales tomadas de nuestros mejores compositores de América, sin embargo, The War On Drugs son lo suficientemente sabios para implosionar o enviarse a sí mismos al espacio exterior cuando el momento lo requiere.
Read the Original Here
The War On Drugs is once again at the blurred edges of American music: overexposing studio limitations, piling tape upon tape to maximum density, and then -- with each song -- they pull off the scaffolding to reveal what sticks, keeping only what's absolutely necessary and dig into what sounds like the best kind of fucked up. As on their debut, Wagonwheel Blues, they take small moments occurring over multiple tapes and multiple song versions, and put every last drop of trust in their own instinct of momentum.

Future Weather is a provocative -- sometimes playful, sometimes weighty -- glimpse into The War On Drugs' song-sculpting process, a process that remains a big mystery even to those on the inside. While some bands are content to merely pace the abyss, The War On Drugs coast through it. And along the way, Future Weather sidesteps most every connotation associated with the EP format. There's a true coalescence and symmetry here, one of wash and drone, of momentum and tone, but also of theme. Friendship, loyalty and keeping a group of spiritual brothers together are all themes that songwriter Adam Granduciel focuses in on for Future Weather. "Wondering where my friends are going / Wondering why they didn't take me / Looking out the window of my room / Looking out where something once ran wild," he sings on "Brothers" with a sense of soured peace, leaving out all the right things, leaving room in there for the shared experiences of your own friends. There are cues taken from our best American songwriters, yet The War On Drugs are wise enough to also implode or send themselves into outer space when the moment calls for it. The driving organ riff that pushes "Baby Missiles" may be inspired by a fever dream of Springsteen or Dire Straits more than any particular jam. And the endless layers of guitar melody and atmospherics of "Comin' Through," rather than add weight to the vessel, only work to fill its sails with warmer and warmer winds.

o en Secretly Canadian
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