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The War On Drugs - Wagonwheel Blues

Este disco apareció aproximadamente en Junio de 2008 bajo el siempre asertivo sello Secretly Canadian. The War On Drugs no es la campaña impulsada por Nixon contra las drogas en 1971, sino que es el quinteto de Filadelfia liderado por Adam Granduciel en voz y guitarra. El resto del grupo lo componen Kurt Vile, Dave Hartley, Kyle Lloyd y Charlie Hall. "Wagonwhell Blues" es el primer disco de la banda, antes habían editado un EP llamado "Barrel of Batteries" (Secretly Canadian, 2008), del cual muchas canciones están presentes en Wagonwhell Blues.

¿Qué encontramos aquí? En algunas partes se lee que Wagonwhell Blues es "un debut que mete en la boca de The Jesus and Mary Chain las anfetaminas que Bob Dylan se tomaba en 1966", además de algunas comparaciones con Sonic Youth o Neil Young, entre otros. Y en realidad todo cabe en este disco, desde el inicio con la genial "Arms like boulders", la música de The War On Drugs atrapa inmediatamente. La influencia de Dylan en la voz de Granduciel es evidente (Show me the coast), aunque también está el peso de The Velvet Underground y todo el rollo psicodélico de bandas como The Fugs o 13th Floor Elevator, por nombrar algunos. Pero, además de Dylan, la voz de Granduciel parece beber de un símil más contemporáneo como lo es de Animal Collective, escuchando "Taking the farm", "Needle in your eye" o "There is no urgency", se percibe constantemente el fantasma del cuarteto de Baltimore.

Sin embargo, y aquí está la gracia de The War On Drugs, las canciones tienen un sello propio. Los sonidos no apuntan a crear esos viajes largos e indómitos de Animal Collective, tampoco recrear con nostalgia un pasado anfetamínico o dylanesco, sino que, en base estas influencias, generar canciones con buenas melodías, espaciales y directas. La complejidad y la búsqueda por sonar únicos parece no ser el norte del quinteto de Filadelfia, mientras que la honestidad y unas buenas canciones sí parece serlo. Y también uno de los mejores discos del año. --Un Color

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Kurt Vile - Childish Prodigy

Philadelphia singer/songwriter (and owner of one of the best rock names around) Kurt Vile is part of a group of newcomers to Matador, an intriguing continue→
freshman class that also includes spooky synth-poppers Cold Cave and sunny new romantics Girls. But Vile differs significantly in style from these other acts, with a sound that draws heavily on the road-weary classic rock and folk of Neil Young, Bob Dylan, Bruce Springsteen, and even Tom Petty, but is constructed with the lo-fi bedroom-recording techniques of someone like Ariel Pink. His two albums released in the last year (Constant Hitmaker and God Is Saying This to You) felt comfortable and well-worn like an old pair of jeans and produced a summer jam last season with the very catchy "Freeway".

But with an increased profile, the stakes are a bit higher for Childish Prodigy, his first Matador release and a record that offers some noticeable differences in sound and approach from his previous two. About half of the songs here are recorded in the same manner as before-- Vile on his own-- but for the remaining tracks he's brought in his touring band, the Violators, to flesh them out with additional instrumentation, creating some more depth and balance. The other key distinction is that Vile has opted for a much cleaner sound this time around, mostly doing away with the scuzz coating of past jams (though traces of distortion still remain here and there) and, as a result, Childish Prodigy feels more straightforward, perhaps even more professional in certain ways.

While I wouldn't criticize anyone for wanting to work outside the confines of lo-fi, it's not always the best look for Vile, as the added sheen draws away some of the charm of his earlier work. Regardless, he displays the same unique ability to tap into the feeling of classic rock-- the familar, comforting quality of that music embedded in anyone who grew up with a radio-- and the best songs here, most of which come during the record's stronger front half, play off that with a punk spirit. Opener "Hunchback" invites the full band in for some swampy stoner-rock boogie while the janglier, almost country-western "Overnite Religion" locks down a solid, melodic groove. Others, like "Blackberry Song", succeed with simple strumminess, but eventually the record begins to veer off course around the midway point.

One gets the sense that Vile is a prolific songwriter, able to knock out a bunch of tracks in one sitting, and almost all of Childish Prodigy has an on-the-fly nature to it, almost as if he's making the tracks up as he goes along. Sometimes that's impressive, like on the repetitive krautrock-arranged "Freak Train", but there's an amorphous quality to these songs that can also make for a difficult listen. Vile lets his guitar and vocals ramble throughout tracks, usually without breaking for a chorus or momentum shift, and lesser material like "Heart Attack" and "Amplifier" suffers, feeling meandering and structureless. This imbalance feels even more evident when he offers up a song like "He's Alright", with its acoustic guitar and pedal steel flourishes, that works great for its directness. Vile certainly has the talent and ability to churn out tunes, and with a little focus and editing his best batch is most likely ahead of him.



El cantautor de Filadelfia Kurt Vile es parte de un grupo de recién llegados a Matador, una intrigante clase de primer año que también incluye al espeluznante synth-pop de Cold Cave y el soleado romanticismo de Girls. Sin embargo, Vile es muy diferente en estilo a estos otros, con un sonido fuertemente basado en el clásico folk rock fatigado de Neil Young, Bob Dylan, Bruce Springsteen, e incluso Tom Petty, pero construído en dormitorios lo-fi con técnicas de grabación que usa por ejemplo Ariel Pink entre otros. Sus dos álbumes publicados el último año (Constant Hitmaker y God Is Saying This to You) se sentían cómodos y bien llevados como un viejo par de jeans, y produjeron una irrupción el último verano (2009) con la muy pegadiza "Freeway".

Pero con un perfil en ascenso, las apuestas son un poco más altas para Childish Prodigy, su primer lanzamiento para Matador y un disco que ofrece algunas diferencias notables en sonido y enfoque de su dos anteriores. Alrededor de la mitad de las canciones aquí se registraron en la misma manera que antes - Vile por su cuenta - pero para el resto de las canciones ha traído a su banda de gira, The Violators, dandole cuerpo con instrumentación adicional, y creando algo un poco más profundo y equilibrado. La distinción clave es que Vile en esta ocasión ha optado por un sonido mucho más limpio, más alejado del revestimiento graso de pasados jams (aunque rastros de esa distorsión aún permanecen), y como resultado, Childish Prodigy se siente más sencillo, tal vez incluso en ciertas maneras más profesional.

Aunque no critico a nadie por querer trabajar fuera de los límites del lo-fi, no siempre es el mejor look para Vile, el brillo añadido aleja algo del encanto de su trabajo anterior. De todos modos, muestra la misma y única capacidad para aprovechar el sentimiento del rock clásico - la familiar y reconfortante calidad de alguién que creció con una radio - y de las mejores canciones aquí, la mayoría de las cuales vienen en la primera y más fuerte mitad, con un espíritu punk. El opener "Hunchback" invita a la banda completa a algún pantano stoner-rock, mientras el tintineante, casi country "Overnite Religion" cierra un sólido y melódico surco. Otros, como "Blackberry Song", suceden de simples rasgueos, pero con el tiempo el registro empieza a desviarse de su curso alrededor del punto medio.

Uno tiene la sensación de que Vile es un compositor prolífico, capaz de hacer un montón de pistas en una sola sesión, y casi todas las de Childish Prodigy tiene un carácter de sobre-la-marcha, casi como si hiciera las pistas a medida que las recorre. A veces, es impresionante, al igual que en el repetitivo krautrock-arranged "Freak Train", pero la cualidad amorfa puede hacer de difícil escucha estas canciones. Vile deja pasear su guitarra y voz a lo largo de las pistas, por lo general sin que romper con un coro o cambio de impulso, "Heart Attack" y "Amplifier" lo sufren, sintiendose vago y desestructurado. Este desequilibrio se torna aún más evidente cuando ofrece "He's Alright", con su guitarra acústica y florituras de steel, que funciona muy bien por su franqueza. Vile sin duda tiene el talento y la capacidad para producir melodías, y con un poco de enfoque y la edición de su mejor lote es muy probable que esté frente a él. -- Joe Colly

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Kurt Vile - He's Alright 7"



Quien haya recibido el twitt del 1ero marzo pasado enviado por los Fleet Foxes: “Baby's Arms by Kurt Vile is fucking awesome…” seguramente se habrá preguntado: “Pero, ¿Quién es Kurt Vile?”.

La música de este joven guitarrista y cantante (nacido en Philadelphia), fluye por el caudaloso rio del American Primitivism. John Fahey (1939-2001), guitarrista virtuoso de la “steel-string acoustic guitar”, y fundador de este estilo descarnado, algo sentimental, casi rural y por momentos oscuro de la música norteamericana, es una gran influencia en la creación musical de Vile. Y lo que Vile crea son canciones. Canciones muy simples pero densas. A veces con espíritu picaresco otras con gravedad y misterio. Suenan guitarras, muchas. Guitarras de 6 y 12 cuerdas, eléctricas y acústicas, filtradas por resonadores, distorsionadores, flangers, delays mínimos, reverberancias metálicas y quebradizas y acoples de amplificadores que parecen llantos o risas. El sonido es el característico de las producciones Lo-Fi o de Cdrs, o sea, publicaciones autogeneradas en todos los aspectos y con una estética intencionalmente “desprolija o imperfecta”. Más que una actitud musical parece ser una postura normal que pretende plantarse firme ante las grandes disqueras y el “mainstream” híper comercial de la música pop-plástica de consumo masivo.

En sus presentaciones Kurt Vile se presenta en solitario con sus guitarras y efectos pero también con The Violators, una banda que lo apoya en escena y en un EP (Kurt Vile & The Violators - The Hunchback).

Neo psicodelia, Folk Rock, Pop Psicodélico, garage rock revival … cualquiera de estas etiquetas se le puede aplicar. También se puede decir que por sus composiciones y actitud antes las canciones es un seguidor natural de Neil Young, Joni Mitchell, Blind Lemon Jefferson, Mississippi John Hurt, Blind Willie Johnson, Furry Lewis, Fred McDowell, Hank Williams, Townse Van Zandty hasta el mismísimo Bob Dylan.

En una reciente entrevista Vile ha comentado sobre sí mismo:

“…he estado haciendo música: escribiendo y grabando canciones desde los 14. Publiqué en cintas, en CDRs (discos auto publicados) y ahora que tengo 29, casi 30, todavía estoy escribiendo, experimentando, practicando, grabando. Esto me permite desarrollar mi oficio de compositor. Los CDRs han desempeñado un papel importante en esto. He podido aprender mucho con estas ediciones. En general, diría quien soy bastante obsesivo con mi trabajo, esa es la clave para cualquier compositor de canciones, más o menos, dependiendo de cuán ambicioso quiera ser. Pero obsesivo no tiene que significar un The Wall de Pink Floyd."

Eduardo Paz Carlson

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The War On Drugs - Slave Ambient


Cuanto más profundo te adentras en la música moderna, menos sentido toman nuestros gustos. Durante años, hemos encontrado que es curioso, esta devoción por igual a Tom Petty y Spacemen 3, artistas que hicieron algunos de sus discos fundamentales al mismo tiempo pero con enfoques antagónicos. ¿O qué tal la admiración a Neu! 75 y Blood on The Tracks, dos álbumes muy diferentes de dos continentes diferentes que comparten un año de lanzamiento y un lugar importante en nuestros corazones? Flying Saucer Attack y Springsteen? New Order y la No Wave. The Byrds y Bread, con Burt Bacharach?
¿Cómo se supone que un fanático de la música concilie con todo esto?


El vehículo de Adán Granduciel - frontman, rambler, chamán, Hamelin-guitarist, y aparentemente extraordinario arreglista - The War On Drugs parecía similarmente obsesionado con ideas dispares, sin compromisos en la construcción de monumentos de rock a partir de piezas que podrían ser raras parejas. En su disco debut, Wagonwheel blues, maratones de folk-rock son "dañadas" por máquinas de beats. Repetitivas piezas electrónicas e instrumentales preceden a las canciones, y el Dr. Seuss deviene en motivación lírica para una atrevida visión futurista.

Granduciel lo ha hecho de nuevo, mejor que antes: Slave Ambient, su segundo álbum propio, es una brillante extensión de 47 minutos de rock and roll, concebido con un sentido de aventura y capturado con temporadas de bravatas. Slave Ambient cuenta con un selecto grupo de músicos de Filadelfia, incluyendo a los multi-instrumentistas Dave Hartley y Bennett Robbie, y el baterista Mike Zanghi. Grabado a lo largo de los últimos cuatro años en el estudio casero de Granduciel en Philly, y los estudios Echo Mountain de Jeff Ziegler (de Uniform Recording) en Asheville, el álbum pone sus más extrañas influencias en los lugares adecuados.

Synths caen donde podrías esperar más guitarras eléctricas (y viceversa); country-rock furtivo y extravagancia pop ochentosa distorsionada. El clásico instantáneo "Baby Missiles" es parte sueño febril de Springsteen, parte himno motorik. "Original Slave" puede sonar como hillbilly-power-drone, pero "City Reprise #12" sugiere un no retiro de Phil Collins. Mientras que el revoltoso sleepy opener "Best Night" ofrece una banda con demasiadas ideas para tomar a la ligera. A la mitad del álbum "Come to the City," Granduciel dice entre aullidos y gemidos,
"Todos los caminos llevan a mí / me he estado moviendo / he estado a la deriva".
Sin embargo al contrario de lo que pueda parecer, todos los sonidos arrivan coherentemente en un lugar inconfundible.

The War on Drugs son una de las bandas jóvenes más excitantes de rock 'n' roll en el mundo. La gente se pregunta que convicción, convencidos de que un acto tan nuevo o con antepasados ​​históricos tan claros podrías llamarla una tús favoritas. Por supuesto, la música de The War on Drugs desborda con los ecos y tensiones de las canciones que todos hemos querido, sin embargo, siempre lo sentirás único y sin fisuras, una síntesis perfecta y pura de influencias en algo que suena como ninguna otra cosa. Todas las canciones de Slave Ambient son identificables al instante y complejas hasta el infinito, un entramado de ideas y energías en la construcción de elevados himnos de rock. Son canciones de futuros conversos, signos de bienvenida para gente que deberá muy pronto llamar a The War on Drugs, su banda jóven favorita en el planeta.
Read the Original Here
The deeper we dig into modern music, the less our tastes make any real sense. For years, we found it curious, this equal devotion to Tom Petty and Spacemen 3, artists who made some of their most pivotal records at nearly the same time but with polar approaches. Or how about our mirrored admiration of Neu! '75 and Blood on the Tracks, two very different albums from two different continents that happen to share a release year and a major place in our hearts? Flying Saucer Attack and Springsteen? New Order and No Wave? The Byrds and Bread and Burt Bacharach? How is a music fan supposed to reconcile all of this?

Fall in love with Philadelphia's The War on Drugs. The vehicle of Adam Granduciel -- frontman, rambler, shaman, pied piper guitarist and apparent arranger-extraordinaire -- The War on Drugs seemed similarly obsessed with disparate ideas, with building uncompromised rock monuments from pieces that might have seemed odd pairs. On their debut, the life-affirming Wagonwheel Blues, folk-rock marathons come damaged by drum machines. Electronic and instrumental reprises precede songs they've yet to play, and Dr. Seuss becomes lyrical motivation for bold futuristic visions.

Now, Granduciel has done it again, better than before: Slave Ambient, their proper second album, is a brilliant 47-minute sprawl of rock 'n' roll, conceptualized with a sense of adventure and captured with seasons of bravado. Slave Ambient features a team of Philadelphia's finest musicians, including multi-instrumentalists Dave Hartley and Robbie Bennett, and drummer Mike Zanghi. Recorded throughout the last four years at Granduciel's home studio in Philly, Jeff Ziegler's Uniform Recording and Echo Mountain in Asheville, NC, the album puts the weirdest influences in just the right places. Synthesizers fall where you might expect more electric guitars (and vice versa); country-rock sidles up to the warped extravagance of '80s pop. Instant classic "Baby Missiles" is part Springsteen fever dream, part motorik anthem. "Original Slave" might sound like a hillbilly power drone, but "City Reprise #12" suggests Phil Collins un-retiring to back Harmonia. "I Was There" is Harvest rebuilt by some selection of psychedelic all-stars, while the shuffling, sleepy opener "Best Night" offers a band with too many ideas to be in a hurry. During the mid-album centerpiece "Come to the City," Granduciel howls and moans, "All roads lead to me/ I've been moving/ I've been drifting." Indeed, however unlikely that might seem, all these sounds arrive cohesively in one unmistakable place.

The War on Drugs are one of the most exciting young rock 'n' roll bands in the world. People question that conviction, unconvinced that an act so new or with such clear historical forebears could absolutely be called a favorite. Sure, The War on Drugs' music overflows with echoes and strains of the songs and sounds we've all loved, yet it always feels singular and seamless, a perfect and pure distillation of influences into something that sounds like nothing else. Every song on Slave Ambient is instantly identifiable and infinitely intricate, a latticework of ideas and energies building into mile-high rock anthems. They are songs for future converts, welcome signs for folks who should, soon enough, also call The War on Drugs their favorite young rock 'n' roll band on the planet.

o en Secretly Canadian
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Kurt Vile & The Violators - The Hunchback


Luego del discazo que resultó ser “God Is Saying This To You…”(Mexican Summer, 2009), la segunda entrega del norteamericano pensilvano Kurt Vile, aparece meses después la grabación de un epé ,esta vez junto a The Violators. Seis canciones variadas y precisas que perfilan una vez más a este songwriter como uno de los talentos con menor vulnerabilidad en la escena de nuevas generaciones del psych nortemericano.

The Huchback, la homónima y primera canción del disco muestra sin mayores pretenciones el estilo clásico del rock psicodélico de pulso lento con maracas acompañando a la batería y una guitarra minimalista que además del uso de distorsión, no arriesga con adornos recargados sobrevaloración, muy parecido a lo que hace en “Constant Hitmaker” (Woodsist, 2008).

Damn You, instrumental, se asemeja (sobre todo por el drum beat) más bien a lo que hacía The War On Drugs, banda que precede al trabajo de solista que hoy desempeña.

Losing It y Hunchy’s Back son continuidad pura, ambas de un minuto y medio, sin altos ni bajos y llenas de atmósfera. En la primera, sólo dos guitarras, una en punteo y otra en rasgueo se acompañan en la realización de una armonía lenta. La segunda, posee más arreglos. Vuelve a utilizar maracas y la batería nuevamente refiere a The War On Drugs.

Good Lookin’ Out, canción número cinco, es sin duda, el punto más alto del disco y quizás, sin exagerar, el mejor registro de Kurt Vile desde que debutó como solista. Cinco minutos en los que en buen shileno. “se tira toda la carne a la parrilla”. Garage, Psicodelia, Afro Beats y otros ritmos configuran un adictivo Hit no apto para “hiteros. del mal”,

Slick Licks con menos fuerza que la anterior pero no menor mérito, cierra el disco, dejando las expectativas altísimas para el siguiente LP titulado “Childish Prodigy (Matador, 2009)”. Esto es productividad. Sofía Villanueva
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Kurt Vile - Square Shells



Cuando Kurt Vile desembarcó por primera vez en la escena a principios del año pasado, tienes la sensación de que podía escribir canciones por docenas. En octubre, Matador dió a conocer "Childish Prodigy", el primer larga duración del psych-folker de Filadelfia para el sello. Sonaba como si Vile hubiese dejado atrás la música de dormitorio para adentrarse en un estilo de rock más clásico. Violators, su banda de acompañamiento marca cada curvado riff con cuánto delay y recorte freak puediese encontrar. "Childish Prodigy" no solo fué más directo que cualquier cosa que había hecho hasta ese momento, sino que también capturó su crecimiento, ofreciendo destellos de un compositor con su mejor aún por venir. Ocho meses más tarde llega este EP, "Square Shells". Un lanzamiento que Vile y Matador utilizan para cerrar la brecha entre Childish y su siguiente LP. Sin embargo, son siete canciones bellamente secuenciadas en 27 minutos, más substanciales que lo tradicional, y con más para explorar.

Kurt tiene un don para encontrar las texturas adecuadas para sus canciones. En su mejor momento, todas las capas de sonido son suntuosas a su manera. Con su fingerpicking o simplemente vagando alrededor del cuello de la guitarra, con banda completa o solista con una caja de ritmos. En su peor, las canciones pueden perderse en una gasa de efectos, pero Vile no comete el mismo error en este timeout. En el tema que abre, "Ocean City", su voz es clara con rasgueos juguetones como una luminosa melodía, dando como resultado una de sus más limpias canciones que haya grabado. En otras partes, va a lo largo de rutas más conocidas, mostrando su camino con ánimos de inmersión. "Invisibility: Nonexistent" es un ejemplo particularmente fuerte, una pieza de siete minutos de drone-drivens a través de un laberinto de perezosos loops de batería y distantes guitarras.

Un gratificante EP que deja abierta la incógnita de adónde podría ir la música de Kurt Vile. ¿Seguirá en el carril "folk" -léase 'folk'(?)- y lejos de las lamidas de la radio FM? ¿Seguirá solo o con los Violators a su lado? En "I Know I Got Religion", cantando sobre caramelizados rasgueos dice,
"Ahora he dejado de utilizar picos, no hay nada entre yo y mi guitarra / Ahora estoy tocando lejos, todos los días / Cuando estoy triste, escribo un rasgueo para tí "
. Vamos a ver cómo termina.
Read the Original Here
When Kurt Vile first landed on the scene early last year, you got the feeling that he could write songs by the dozen. In October, Matador unveiled Childish Prodigy, the Philly psych-folker's first full-length for the label. It sounded like Vile had left behind bedroom music for classic rock brawn, his backing band the Violators dialed into every curvy riff and delay-clipped freakout he could muster. Childish Prodigy was more direct than anything he had done up until that point, but it also captured growth you could hear and offered glimpses of a songwriter with his best still in front of him. Eight months later comes the Square Shells EP, a release Vile and Matador are calling a "stepping stone" to bridge the gap between Childish Prodigy and the next LP. But with seven beautifully sequenced songs in 27 minutes, it's more substantial than your traditional stopgap, with more to explore.

Vile has a gift for finding just the right textures for his songs. At his best, every layer of sound is sumptuous in its own way. This holds true whether he's fingerpicking or just wandering around the neck of his guitar, and whether with a full band or alone with just a drum machine. At his worst, songs can get lost in too much gauze and too many effects, but Vile doesn't make that mistake this time out. On opener "Ocean City", his vocals are clear and his strumming is as playful as the melody is light, and the result is one of the cleanest songs he's put to tape. Elsewhere, Vile goes it alone along more familiar routes and demonstrates his way with immersive mood. "Invisibility: Nonexistent" is a particularly strong example, a seven-minute drone-driven piece with a repeating maze of lazy drum machine and distant guitar work.

That track's lonesome feeling bleeds into all of Square Shells, be it by way of instrumental hymns "Losing Momentum (For Jim Jarmusch)" and "The Finder", or the fingerpicked echoes of "I Wanted Everything". It's a satisfying EP that leaves open the question of where Vile's music might go next. Will he work more in the folk lane and away from FM radio licks? Will he go it alone or will the Violators be at his side? On "I Know I Got Religion", he croons over caramelized strums, "Now I stopped using picks, nothing between me and my guitar/ Now I'm strumming away, every day/ When I feel blue, I write a strummer for you." We'll see how this one ends.

o en Pitchfork
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J Mascis - Several Shades Of Why


Cabeza pensante de los ineludibles Dinosaur Jr., una de las bandas más importantes y decisivas en el rock de finales de los 80 junto a otras como Pixies o Mudhoney y que ayudaron a impulsar la distorsión ruidosa de las guitarras como una nueva manera de hacer música, ha vuelto a hacer de las suyas en solitario con un proyecto que indaga en el carácter más reposado y reflexivo del artista encontrándonos con un Mascis desnudo de toda distorsión y abrazando sonidos acústicos como si toda la vida hubiera estado haciéndolo, con una credibilidad y una naturalidad de las que solamente los grandes son capaces de transmitir.

El planteamiento musical aquí es diametralmente opuesto a lo que ofrece Mascis con sus Dinosaur Jr., realizado casi por completo en formato acústico es tal la austeridad que busca Mascis en su nuevo retoño que ha decido prescindir incluso de la batería, sustituida eventualmente por arreglos de cuerda o panderetas, para realzar al máximo sus cualidades compositivas y su peculiar voz consiguiendo establecer una relación directa e instantánea con el oyente sin necesidad de derribar la muralla sónica de la que hace gala en su banda madre.

Después de una más que convincente reunión de la que han salido dos discazos de Dinosaur Jr. dignos de estar a la altura de su intachable discografía J. Mascis se desmarca de nuevo con un proyecto personal en el que por segunda vez se presenta con la acústica bajo el brazo, después de ese primer directo grabado en el 2006 para la posteridad en el disco J.Mascis Live At CBGB's (The First Acoustic Show), y con un proyecto que lleva solamente su nombre. 15 años hemos tenido que esperar para que el canoso melenudo nos volviera a deleitar con su talento de manera personal y tengo que admitir que aunque la espera ha sido demasiado larga ha valido la pena, y mucho...

Un dato más, la portada me encanta cosa bárbara, me parece que es el mismo diseñador que el último Farm de los Dinosaur Jr. de lo que deduzco que a mi hermano Magli no le gustará nada pero a mi me flipan esas criaturas tan monas que protagonizan últimamente las portadas de Mascis, compra segura. Alex Core
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Kurt Vile - Smoke Ring For My Halo


El songwriter Kurt Vile regresa con su segundo disco 'Smoke Ring for My Halo', un disco de magníficas mixturas que van desde tiernas brisas folk en "Jesus Fever" a urbanos riffs de Tuff Guitar en “Puppet To The Man,” y el distintivo acento filadelfio de Vile iguala en conjunto un proyecto radical y sugerente., un verdadero álbum de American folk psicodélico.

No es una experiencia de sonido pastoral, sin embargo - Vile canta,
"la sociedad es mi amiga: ella me hace descansar en un baño de sangre fría"
, que suena tanto distanciada como exahusta de los sonidos armónicos de su guitarra y los suaves golpes de batería de Mike Zanghi. Canciones, como "On Tour" y “Baby’s Arms” tienen un tono lírico claramente oscuro. Lo más cerca que Vile llega a algún tipo de aceptación es en la pista central, el triste "In My Time",
"Sé que cuando nos hacemos mayores , Me muero, pero tengo todo lo que necesito aquí ahora, y eso está bien, ahora ... eso está bien."

Las sesiones de grabación se llevaron a cabo en NY, Philadelphia y New Jersey, con la supervisión de John Agnello (Sonic Youth, Dinosaur Jr., Hold Steady)
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Kurt Vile - God Is Saying This To You


God Is Saying This To You... es un disco que pide ser escuchado en su totalidad. A pesar de ser aparentemente improvisado desde diversos fuentes del pasado de Vile, los parches de paisajes sonoros se ensamblan sin problemas a las estructuras más tradicionales. Al mismo tiempo, "tradicional" es probablemente una pequeña porción, incluso para las partes más accesibles del disco. Las mezclas son salpicadas con sonidos atmosféricos, y saltan a través del espectro estéreo. Si bién algunas de las guitarras son rítmicas, y posiblemente algo folkys, se las arregla para combustionar elementos de percusión que le dan a las canciones un sabor que trasciende toda posibilidad de folkiness tan pronto como empieza.

Ese sabor es promovido por Vile en muchos temas instrumentales del disco. Sus incursiones en la guitarra eléctrica, sin duda, recuerdan las cualidades de los artistas que muchos no dudan en llamar experimental. Estos temas no sólo sirven para ilustrar la amplitud del talento de Vile, sino también hacer hincapié en la sutileza con la que logra inyectar su inclinación experimental en temas no instrumentales del álbum.

Al final del día, es verdad que escribir canciones no instrumentales hacen de este disco, muy, muy agradable. Si bien los elementos experimentales dan al registro una extraña singularidad y carácter, la composición permite que la singularidad de su existencia sin parecer frívola o vacía. Vile tiene un don indiscutible para la melodía, y ofrece letras que transmiten una cierta melancolía inherente. Al mismo tiempo, ofrecen la sensación de una persona que ha trascendido la melancolía y observa desde una posición objetiva.

Basta decir que, God Is Saying This To You... se ha presentado con firmeza en nuestra lista de reproducción para la mayor parte del mes, y no irá a ningún lado pronto. Las composiciones de vile no sólo son innovadoras y frescas, también son dolorosamente adictivas.
Read the Original Here
We wait around for records like this; seriously, we do. Records that are so ridiculously organic and unified with their storytelling that they immediately become a part of your life. Records that have an innate sense of pop sensibility, yet still manage to push the boundries of sonic experimentation in a way that both challenges the ear, and creates something undeniably new at the same time. In short, records that define their creators as true innovators and disciples of the art of making music.

God Is Saying This To You... is a record that begs to be listened to in its entirety. Even though it's apparently cobbled together from various sources in Vile's past, the record's patches of ambient soundscape attach seamlessly to the more traditionally structured songs. At the same time, "traditional" is probably a bit of a stretch for even the most accessible bits of the record. The mixes are peppered with atmospheric sounds, and jump across the stereo spectrum. While some of the guitar work is rhythmic, and possibly even folky, it manages to fuel percussive elements that give the songs a flavor that transcends any possibility of folkiness as soon as it starts.

That flavor is furthered by Vile on the record's many instrumental tracks. His forays into electric guitar undoubtedly recall the qualities of artists that many would not hesitate to call experimental. The final track, "Frip Job", even name checks it's unquestionable influence. These tracks serve not only to illustrate the breadth of Vile's talent, but also to emphasize the subtlety with which Vile manages to inject his experimental bent into the album's non-instrumental tracks.

At the end of the day, it is truly that non-instrumental songwriting that manages to make this record so very, very enjoyable. While the experimental elements give the record an uncanny uniqueness and character, the songwriting allows that uniqueness to exist without seeming frivolous or empty. Vile has an unquestionable gift for melody, and delivers lyrics that convey a certain inherent melancholy. At the same time, they offer the sense of an individual who has transcended that melancholy and is observing from an objective perch.

Suffice it to say, God Is Saying This To You... has been steadfastly lodged in our playlist for the better part of a month, and isn't going anywhere soon. Vile's songwriting is not only innovative and fresh, it's also painfully addictive. It's one of those records that reaches the end, and you simply find yourself hitting play again, even when you feel like it would be far more sensible to do otherwise. What's more, we find ourselves more than a little eager to catch Vile live: his recordings have an intimacy that we imagine can only more pronounced in a live setting. Luckily, we only have a little less than a week to wait, and we'll be catching Vile here in San Francisco. We suggest you do the same.

o en Hippies Are Dead
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The War On Drugs - Future Weather


The War On Drugs se encuentra una vez más en los borrosos bordes de la música americana: sobreexposición de limitaciones de estudio, acumulación de tapes & tapes a la máxima densidad, y luego - con cada canción - quitar los andamios para revelar como se adhirió, dejando sólo lo que es absolutamente necesario y profundizar en lo que suena como la mejor clase de mierda. Como en su debut, Wagonwheel Blues, toman pequeños momentos que ocurren sobre multiples cintas y multiples versiones de canciones, y ponen hasta la última gota de confianza en su propio instinto del momento.

Future Weather es un provocativo - a veces juguetón, a veces de peso - vistazo al proceso de esculpir canciones de War On Drugs, un proceso que sigue siendo un gran misterio incluso para aquellos que están en él. Si bién algunas bandas se contentan meramente con estar de paso a la sima , The War On Drugs pasa a través de ella. Y en el camino, el futuro del tiempo deja de lado toda connotación asociada con el formato de EP. Hay una unión verdadera y simetría aquí, una de wash & drone, de tono & momentum, pero también de tema. Amistad, lealtad y mantener unida la hermandad espiritual son los temas sobre los que pone el foco el compositor Adam Granduciel para Future Weather. "Se pregunta dónde van mis amigos / ¿Se pregunta por qué no me llevan / Mirando por la ventana de mi habitación / mirando por donde algo una vez corrimos salvajes", canta en "Brothers" con un sentido de agria paz, dejando de lado todas las cosas correctas, dejando allí las experiencias compartidas de sus propios amigos. Hay señales tomadas de nuestros mejores compositores de América, sin embargo, The War On Drugs son lo suficientemente sabios para implosionar o enviarse a sí mismos al espacio exterior cuando el momento lo requiere.
Read the Original Here
The War On Drugs is once again at the blurred edges of American music: overexposing studio limitations, piling tape upon tape to maximum density, and then -- with each song -- they pull off the scaffolding to reveal what sticks, keeping only what's absolutely necessary and dig into what sounds like the best kind of fucked up. As on their debut, Wagonwheel Blues, they take small moments occurring over multiple tapes and multiple song versions, and put every last drop of trust in their own instinct of momentum.

Future Weather is a provocative -- sometimes playful, sometimes weighty -- glimpse into The War On Drugs' song-sculpting process, a process that remains a big mystery even to those on the inside. While some bands are content to merely pace the abyss, The War On Drugs coast through it. And along the way, Future Weather sidesteps most every connotation associated with the EP format. There's a true coalescence and symmetry here, one of wash and drone, of momentum and tone, but also of theme. Friendship, loyalty and keeping a group of spiritual brothers together are all themes that songwriter Adam Granduciel focuses in on for Future Weather. "Wondering where my friends are going / Wondering why they didn't take me / Looking out the window of my room / Looking out where something once ran wild," he sings on "Brothers" with a sense of soured peace, leaving out all the right things, leaving room in there for the shared experiences of your own friends. There are cues taken from our best American songwriters, yet The War On Drugs are wise enough to also implode or send themselves into outer space when the moment calls for it. The driving organ riff that pushes "Baby Missiles" may be inspired by a fever dream of Springsteen or Dire Straits more than any particular jam. And the endless layers of guitar melody and atmospherics of "Comin' Through," rather than add weight to the vessel, only work to fill its sails with warmer and warmer winds.

o en Secretly Canadian
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Kurt Vile - Constant Hitmaker


Este es un chiquillo de Philadelphia que arrancó con grabaciones caseras super lo fi y terminó grabando un disco como la gente (como la gente que tiene la suerte de que aparezca alguien y diga: "Creo que voy a ponerle la plata a este don nadie para que grabe en un estudio con un productor y todo lo demás; total no tengo nada mejor que hacer"). De hecho, es tan humilde (por ahora al menos), que en su web está su hotmail para que lo agregues al messenger y le digas que es un capo, que es un fracasado, que te encaaaaantan los canelones, o lo que tengas para decirle. ¿Creador constante de hits? Mmm... no sé, pero tiene un par de buenas canciones que con suerte algún día se convertirán en hits, y varias otras que quedarán archivadas como experimentos sonoros o algo por el estilo. Escuche y opine. Uno al Día
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