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Tom Waits - Bad as Me

Si te ha dejado tu novia, si has perdido tu trabajo o estás atravesando una mala racha, no pasa nada, tranquilo, todo está bien, las aguas volverán a su cauce, porque Tom Waits ha sacado nuevo disco y eso suele consolarnos a sus fieles durante, por lo menos, diez años. Curarnos de cualquier dolencia, hacernos compañía o la vida más llevadera. Un noviembre lluvioso como aquel de "The Black Rider" (1993) sirve de escenario a un disco que supone el esperado regreso de Waits con material nuevo bajo el brazo desde "Real Gone" (2004) en el que llegó al paroxismo y feísmo más distorsionado y saturado. Bien visto, ese álbum supuso un punto de inflexión y el posterior directo, "Glitter And Doom" (2009), una brecha en su carrera porque este "Bad As Me" (2011) baja las revoluciones de la experimentación sonora y se asienta en lo que mejor sabe hacer el norteamericano, ese universo inventado por él mismo, ese género a medio camino entre el jazz más desquiciado y nocturno, cacerolas, bidones de gasolina, huesos, marimbas, xilófonos, banjos y guturales, afilados y roncos alaridos propios de una mula.

Aún así, no podemos quejarnos porque esa ausencia de material nuevo no ha sido precisamente una travesía por el desierto. Es verdad que hemos echado de menos canciones nuevas pero, a cambio, hizo nuestros sueños realidad cuando anunció su primera gira mundial y, por primera vez en la historia, con parada en nuestro país. Pudimos verle en directo y durante casi dos horas nos hizo sentir especiales. Así que esta ausencia discográfica la hemos vivido con cierta tranquilidad y sin la urgencia de antaño. Y en este 2011, Tom apareció como si los años no hubiesen pasado por él, un vídeo publicado en su web nos anunciaba la publicación de este "Bad As Me" y nos advertía, con su peculiar sentido del humor, sobre los placeres de escucharlo por primera vez en formato físico y no destriparlo en internet. ¿Le dirías a un amigo que su mujer espera un bebé aún cuando ésta aún no se lo ha dicho y está esperando en casa para darle la sorpresa? Y nos proponía una peculiar forma de escucharlo en su coche, bajo su atenta mirada. ¡Tom Waits había vuelto!

Poco a poco se fueron desvelando los secretos del nuevo álbum. El ya clásico Marc Ribot de nuevo a la guitarra, Casey Waits (su hijo, al cual pudimos ver en la gira), David Hidalgo, Clint Maedgen, Ben Jaffe, Larry Taylor, Patrick Warren, nada más y nada menos que Keith Richards colaborando de nuevo a la guitarra en algunos temas y los geniales Flea y Les Claypool al bajo, entre muchos otros, para darle forma a las canciones firmadas por Waits y Brennan. Imposible no acertar con estos ingredientes.

Tom se pone su mejor disfraz, el de Waits y nos montamos en un tren nocturno lleno de timbas de póker, humo, alcohol y mujeres, traqueteando por unas vías chirriantes mientras él aulla "Chicago", el primer tema del disco, con Richards a la guitarra. Desbocado, alocado, demente, atormentado y alocado. "Raised Right Men" es diabólica, mefistofélica, siniestra y la voz de Waits, de nuevo protagonista, gruñe, se desgañita y balbucea en nuestros oídos mientras Casey marca el ritmo a base de estacazos y Flea aporrea el bajo. "Talking At The Same Time" es el clásico medio tiempo marca de la casa, arreglos de piano, de metal, escobillas y una guitarra que se estrangula con un vibrato magistral y Tom nos llora cercano al falsete de un borracho.

"Get Lost" heredera del rock n' roll de los cincuenta pero pasado de vueltas, muy parecido al tono de "Lie To Me" pero con la voz de nuevo siendo el principal atractivo. "Face To The Highway" es otro tema propio de Waits, uno de esos que encajan perfectamente mientras lees literatura beat en tu cama e imaginas esas calurosas noches de alcohol, jazz y desamores en sepia.

"Pay Me" con su acordeón acaricia el sobresaliente en la clásica balada que todo disco de Waits debe tener, doliente, sentida y rozando el encanto tabernario. "Back In The Crowd" sí supone un notable giro de timón, romántica y brillante en su desarrollo musical, cincuentera, sesentera, fronteriza y mestiza. Y volvemos al ring con "Bad As Me", que da nombre al disco, una declaración de principios, la guitarra de Ribot es una maravilla.

La más jazzy es "Kiss Me" mientras que Les Claypool progresa adecuadamente y encaja a la perfección con su mentor Waits en "Satisfied", nunca imaginé que Claypool de Primus pudiera llegar a tocar con Tom y Keith Richards en la misma canción, una idea que puede llegar a resultar marciana pero que en la práctica suena magistral y nada carente de sentido. "Last Leaf" vuelve a ser otra balada propia del de Pomona que se rasga por la mitad con "Hell Broke Luce" y unos zapateos que sirven de fondo al Waits más cavernoso, la más experimental pero a la vez más pegadiza. Para despedirse, "New Year's Eve", en ese registro tan emotivo que sabe manejar tan bien.

Da igual lo que te haya ocurrido, Tom Waits ha sacado nuevo disco y eso basta para superar cualquier problema por amargo que sea el trago. Una nueva obra maestra. --Blogofenia

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Sparklehorse - It's A Wonderful Life


"Con un claro sabor a alucinógeno, el rock de Sparklehorse se sitúa a mitad de camino entre Crazy Horse y Spacemen 3. Y es que escuchar la música que surge de la cabeza de Mark Linkous supone aspirar aromas procedentes de las praderas norteamericanas mientras la cabeza es asaltada por acordes espaciales.

"It’s a wonderful life" es su tercer disco y data del 2001, supuso un salto en ambición. La grabación contó con las colaboraciones de lujo de Tom Waits, PJ Harvey o Dave Fridmann. Después de las dos primeras grabaciones en las que Linkous lo hizo casi todo en su estudio ‘Static King’, llegó la hora de dar un salto cualitativo, para ello caminó junto a Fridmann en el proceso de grabación. La obra supuso remarcar más si cabe el acento surrealista de los discos anteriores, y tiene algunos temas realmente maravillosos. ‘Keep all your crows away, hold skinny wolves at bay in silver piles of smiles, may all your days be gold my child’ reza el estribillo de Gold Day, el segundo corte del disco y a la postre una de las canciones más bellas que Sparklehorse jamás hayan producido.

Linkous es un hombre esquivo al estilo de los grandes, pero que se mueve en el terreno de los pequeños y que no tiene pensado salir de él. Nunca veremos a Sparklehorse tocar en un estadio, ni en un gran auditorio acompañados por una orquesta sinfónica, para encontrarnos con Linkous y compañía tendremos que movernos a sitios con mucho humo donde las cosas son mucho más cercanas y las canciones mucho más disfrutables. Y si algo tiene Sparklehorse son canciones, canciones enormes." SacateUnDisco

Apple bed:
Desearía tener
La cabeza de un caballo
El corazón de un tigre
Una cama de manzanas.

Babies on the sun:
El sonido de tu voz
Levantó tumbas de gatos
El estrépito de tus pasos
Despertó cuevas de murciélagos

Bebés en el sol,
Bebés en el sol.

Tu primer aliento ardiente
Fue una sinfonía
Y una nave llena de caballos
Bajó al mar.

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Tom Waits - Nighthawks at the Diner


Una performance atemporal en vivo en estudio de uno de los artistas más originales de los últimos 30 años. Este álbum tiene un sentimiento distintivamente bohemio de un humoso café del Greenwich Village trasplantado sobre un floreciente desierto páramo de la región metropolitana de Los Ángeles. Sus letras son aleatorias y poéticas, dibujando personajes inquietos y desventuras extrañas directamente de una “narcotica noche americana” de Waits. Jazz arrogante, los señuelos de Waits esperan atraer a su espeluznante mundo subterráneo de locales all-night y olvidadas paradas de camiones. Nighthawks resuena con la intimidad de pequeños clubs nocturnos, atrapados en medio de inspiradas sesiones after-hour. Waits se balancea y rima a través de líneas de walking bass, platillos ligeramente cepillados y saxos entrecortados, creando un ambiente cargado de humo y sonido metálico de botellas vacías. Abre el álbum con un cómicamente sombrío “Emotional Weather Report,” Waits marca la pauta de lo que sigue, cantando con modesta franqueza acerca de su soledad empapada de alcohol y desesperación. “Eggs & Sausage” hermosos dolores de hambre que no pueden ser satisfechos por las grasientas comidas y la acidez de las inmersiones nocturnas.

Él canta sobre el amor obsesivo en “Nobody.” A pesar de su vulnerabilidad a regañadientes, Waits no es bobo, y su schtick es siempre la del solitario chico duro. Proclama las virtudes de su filosofía de ir en solitario en el “Better Off Without a Wife”. Contando épicos cuentos del bazar, como el fascinante “Ballad of Big Joe and Phantom 309”. Después de haber llenado la audiencia del estudio con simpatizantes , Waits sabe que está cantando en un coro, ya que se lanza a interludios cómicos de palabra hablada entre las canciones que desgarran la casa. Este es un gran disco para jugar al póquer, jugar a los dados, o para ir de lost-weekend tour a través de la parte más vulnerable de América. El genio de Waits y el encanto teatral en pruebas sólidas, ya a los 70 minutos de duración, la diversión sigue y sigue.

Read Here The Original
A timeless live-in-studio performance by one of the most original artists of the past 30 years. This album has the distinctly bohemian feel of a smoky Greenwich village café transplanted onto the blooming desert wasteland of the Los Angeles metropolitan region. His lyrics are random and poetic, sketching out shifty characters and strange misadventures straight out of Waits‘ “narcotic American night.” Jazz backed and swaggering, Waits lures you into his lurid underworld of all-night diners and forgotten truck stops. Nighthawks resounds with the intimacy of a small night club caught in the midst of an inspired after-hours session. Waits swings and rhymes over walking bass lines, lightly brushed cymbals, and breathy saxophones, creating an atmosphere heavy with smoke and the clang of empty bottles. Opening the album with a comically bleak “Emotional Weather Report,” Waits sets the tone of what is to follow, singing with self-effacing candor about his alcohol drenched loneliness and desperation. “Eggs & Sausage” aches beautifully with a hunger that can’t be satisfied by the greasy fare and heartburn of late-night dives.

He sings about obsessive love in “Nobody.” Despite his reluctant vulnerability, Waits is no sap, and his schtick is always that of the tough guy loner. He proclaims the virtues of his go-it-alone philosophy in “Better Off Without a Wife.” He tells epic tales of the bazaar, such as the engrossing “Ballad of Big Joe and Phantom 309.” Having packed the studio audience with sympathizers, Waits knows he is singing to the choir, as he launches into comic spoken-word interludes between songs that tear the house down. This is a great album for playing poker, shooting dice, or going on a lost-weekend tour through the underbelly of America. Waits’ genius and theatrical charm are in strong evidence, and at 70 minutes in length, the fun goes on and on. Throw away your books on tape and pop this into your deck!

o en MustHear
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Sparklehorse - Dreamt For Light Years In The Belly Of A Mountain


Uno ya sabe que pedirle a cierta gente.
A Mark Linkous le pedimos canciones tristes, que nos acompañe en el sentimiento mientras descendemos a esos rincones tan queridos. Tá bien, el chabón te va a meter un par de ladrillazos en el disco, te va a sacudir un poco el barco metiéndote algunos minutos proto grunge/noise/cabeza para que te despiertes y no te hundas definitivamente en el mar de la melancolía (igual desde que se inventó el playlist uno puede obviar esos momentos de Linkous convertido en picapiedras y programar solo las canciones bajón una tras otra indefinidamente. Ah, que lindos atardeceres de domingo que hemos pasado hundidos en la alfombra en su compañía...).
Este tipo capaz de cantarte con la melodía mas triste del mundo que esta "es una vida maravillosa" se tomó cinco años (luz) para grabar su cuarto disco, sucesor de los recomendadísimos Vivadixiesubmarinetransmissionplot (1996), Good Morning Spider (1998) e It's A Wonderful Life (2001). Este es tan bueno como los anteriores, es cómo volver a ver a un amigo después de varios años y ver que los códigos en común se mantienen en pie, que esa mirada de reojo sigue significando lo mismo, que ciertas cosas ni hace falta decirlas porque ya están sobreentendidas. No todas las canciones son nuevas (algunas de ellas son de la época de It's a wonderful life), este podría ser un disco para cumplir con el contrato o un mensaje de Linkous para avisarnos que esta vivo y no se lo tragó ninguna montaña.
Vamos a los bifes, lo mejor está al final, en los diez minutos con treinta y cinco segundos del tema que le dá nombre al disco, un instrumental levitante, cómo para mirar como se incendia un bosque, tema perfecto para finales, de esos que te dejan preguntandote ¿cómo salgo de acá?.
El resto tiene algunos buenos momentos: Morning Hollow con Tom Waits clavando sus garras en el piano, Return to me (esta va derecho a mi compilado de canciones tristes cosecha 2006), el piano Portishead y la voz enmascarada de Getting It Wrong, el pop marca Flaming Lips en Shade And Honey, el pop copyright Grandaddy en Ghost In The Sky.
Una frase de Linkous y me voy: I was the one who loved you most/ But you can't put your arms around a ghost. (Soy el que más te amó/ pero no podés abrazar a un fantasma)" Some Sweet Day. Discos Encerrados
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