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The Flaming Lips - Embryonic


Sé que hay mucho fan que nos (me) odia por no haber hablado todo lo bien que ellos quisieran de ‘At War With The Mystics’ y, sobre todo, ‘Yoshimi Battles The Pink Robots’. Yo digo que pese a tener unos cuantos temas excelentes, en ambos casos el conjunto no resulta todo lo perfecto que se espera de los autores de ‘The Soft Bulletin’ o ‘Transmissions From The Satellite Heart’. Buscando dar un concepto y una coherencia a aquellos álbumes, tenían numerosos interludios, intros, outros y temas menores que no solo no conectaban sino que mermaban el interés global de los discos. Pero The Flaming Lips no son unos principiantes precisamente (hace ya más de 25 años que formaron el grupo), y ellos parecen tener muy claro lo que buscan, porque la estructura de ‘Embryonic’ es muy similar a la de sus últimos álbumes. Aunque, como ya anticipamos, otra cosa es su sonido.


Contaba Wayne Coyne en una entrevista que ‘Embryonic’ es un disco doble de manera premeditada. Según él, sus discos favoritos de siempre son dobles, como el ‘Physical Graffitti’ de Led Zeppelin, el álbum blanco de The Beatles o el ‘Sandinista’ de The Clash, precisamente porque esa extensión se presta a cierto desenfoque, a no centrarse en un solo estilo. Pero curiosamente ese efecto aquí es el contrario: The Flaming Lips logran en estas 18 canciones (que duran unos 70 minutos y caben en un solo CD), una coherencia sonora pasmosa, que no lograban desde ‘The Soft Bulletin’. Una vez que uno se despide del sonido polifónico pulido y bonito de sus últimas obras y se adapta al kraut, al feedback, a la atonalidad, al chirrido, al sonido sucio, todo el álbum toma un sentido global, digno de esas grandes obras a las que aludía Coyne. Cuenta la banda que el disco se inició a partir de una serie de “jam sessions” en las que no se ponían ningún tipo de límite estructural o formal, jams que se han transformado en los cinco cortes con nombre de constelación que funcionan a modo de interludios y que, aunque resultan los cortes más prescindibles, sí sirven de columna vertebral de la obra.

Hay en ‘Embryonic’ una racanería supina con lo melódico, llegando a armar temas completos con apenas uno o dos fraseos, pero una generosidad total en la variedad de texturas, en las miles de capas superpuestas de sonidos, en la búsqueda de llevar las canciones hasta el final, exprimiéndolas hasta dejarlas secas. Arranca la experiencia ‘Convinced Of The Hex’, con ese ritmo marcial, implacable y machacón, sobre el que Coyne canta “Esa es la diferencia entre nosotros” con tono inexpresivo, mientras teclados y zumbidos de guitarra se cruzan nerviosamente de un altavoz al otro. Y aunque ese sea el sonido paradigmático de ‘Embryonic’ (‘See The Leaves’, ‘The Ego’s Last Stand’, ‘Silver Trembling Hands’), su concepto presume de una capacidad mutante tal que en un suspiro se transforma en angustia industrial (‘The Sparrow Looks Up At The Machine’), en desolación flotando en el espacio (‘Evil’) o en sintéticas baladas jazzy (‘The Impulse’).

Una obra tan ambiciosa como ‘Embryonic’ suele ser imperfecta. El álbum sufre un profundo valle compuesto por el trío ‘If’, ‘Gemini Syringes’ y ‘Your Bats’, pero con la hipnótica y sugerente ‘Powerless’ remonta espectacularmente, con increíble solo de guitarra a lo Velvet Underground. Las colaboraciones estelares del disco son, sin duda, lo más atractivo del conjunto. Por un lado, MGMT metiendo jaleo en la salvaje pero pegadiza ‘Worm Mountain’ y por otra Karen O dando una hilarante réplica telefónica a Coyne en la tremenda ‘I Can Be A Frog’. La vocalista de Yeah Yeah Yeahs también participa en el magnífico, épico, cierre del disco, ‘Watching The Planets’, una celebración de las leyes de la naturaleza y, por extensión, de la libertad individual.

The Flaming Lips seguirán resultando aburridos para los seguidores de Coldplay y ‘Embryonic’ no va a resultar satisfactorio para quien busque una prolongación de los logros de las anteriores obras de la banda oficial de Oklahoma, pero sí para quien confíe en la capacidad de sorpresa de una banda que se reivindica a sí misma con un disco magnético y expansivo, heredero de las grandes obras del rock progresivo (precisamente proyectan reinterpretar el ‘Dark Side Of The Moon’ de Pink Floyd), que promete crecer con los años para, dentro de algunas décadas, servir de inspiración a alguna banda que quiera emular los grandes discos dobles de la historia del rock, como ‘Physical Graffitti’, el álbum blanco o ‘Embryonic’. Jenesaispop
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The Flaming Lips and Stardeath and White Dwarfs With Henry Rollins and Peaches Doing The Dark Side of the Moon


Hace 37 años un disco que comenzaba y terminaba con los latidos de un corazón se convirtió en uno de los grandes hitos de la historia del rock. Hoy esa obra con los mismos latidos ha sido reinventada. The Flaming Lips ha conseguido su propio The Dark Side of the Moon, fiel al espíritu que inspiró a Pink Floyd en 1973, pero con el sonido de Yoshimi Battles the Pink Robots (2002) y el reciente Embryonic (2009). Un mismo fondo, pero reinventado completamente en este tributo que sirve para redescubrir un gran disco con momentos de auténtica genialidad.

En el terreno de las versiones, los grandes grupos se distinguen de los demás cuando son capaces de hacerlas ofreciendo algo que incluso sus propios creadores no pudieron dar. Una revisión que convierte el original en algo nuevo, pero que recuerda a la primera versión. Los de Oklahoma se han atrevido a versionar este clásico fieles a su estilo entre guitarras psicodélicas, ritmos espaciales y electrónicos, y tiernas melodías. La estructura del disco es prácticamente la misma, excepto que The Flaming Lips junta en una misma canción "Speak to me" y "Breathe" y pasan de las diez canciones del original a nueve.

La versión de la banda capitaneada por Wayne Coyne comienza con fuerza con las frases "I´ve been mad for fucking years, absolutely years, been over the edge for yonks, been working me buns off for bands. I´ve always been mad, I know I´ve been mad, like the most of us...very hard to explain why you´re mad, even if you´re not mad..."; la tenebrosa sonrisa del mismo Coyne y un ritmo marcado por un compás de percusión firme, seguido por un riff de guitarra repetitivo y el canto: "Breathe, breathe in the air".

Una de las mayores sorpresas es la versión de la instrumental "On the run". Animada, eléctrica, trepidante y con muchos efectos espaciales. Después llegan los dos minutos más pesados del álbum con la canción "Time": una respiración y una tos son las bases del ritmo y van apareciendo, poco a poco, unas guitarras distorsionadas y terroríficas. Sin embargo, dos minutos después surge de las cenizas la voz desgarrada y tierna de Coyne para seguir con "Time", consiguiendo una de las mejores melodías del disco. Otra de éstas es "The Great Gig in the Sky", que parece sacada directamente del Yoshimi Battles the Pink Robots. Es una versión histriónica de la dulce versión original.

"Money" se convirtió en uno de los hits del Dark side de Pink Floyd. The Flaming Lips la reconvierte en una canción metalizada, más pesada y la más floja. Le siguen la cálida "Us and them", muy al estilo de las canciones ambientales del grupo de Oklahoma, y la instrumental "Any colour your like", similar a "Fight test".

El disco termina con los dos grandes clásicos: "Brain Damage" y "Eclipse", cantados con gran ternura y que llegan a emocionar cuando Wayne fuerza la voz para cantar: "I´ll see you on the dark side of the moon". Las palabras "there is no dark side of the moon really. Matter of fact it´s all dark" cierran el disco seguidos por los latidos de un corazón.

El álbum ha contado con colaboraciones de la banda Stardeath y White Dwarf, además de invitados como Henry Rollins y Peaches y, de momento, sólo se distribuye por iTunes.

The Flaming Lips es una banda que se ha caracterizado, en parte, por sus excelentes versiones. Así lo demostraron en su enfermizo álbum: In a priest driven ambulance (1990), con "(What a) wonderful world", popularizada por Louis Armstrong o con "Can´t get you out of my head", de Kylie Minogue, y "Knives out", de Radiohead, incluidas en el EP Fight test (2003).

Los últimos meses de 2009 fueron una etapa trascendental para la banda. Su último álbum, Embronyc, volvió a introducir a The Flaming Lips de nuevo en la carretera después de sus buenos, pero excesivamente conservadores y continuistas discos. Esta versión de The Dark Side of the Moon certifica este estado de gracia del grupo y que éstos aún tiene mucho que aportar y sorprender.
Pere Francesch Rom

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